sábado, 17 de julio de 2010

Pablo, un hombre del Espíritu (IV Parte)

En el camino del Espíritu

El evangelista Juan certifica de esta manera la muerte de Jesús: "Jesús, inclinando la cabeza, entregó el Espíritu" (Juan 19,30). A partir de entonces, no hemos quedado huérfanos: nos ha venido acompañando hasta ahora ese Espíritu que es el Espíritu de Jesús.

Nos acompaña también María, la llena de gracia, sobre quien reposó el Espíritu del Señor, la que estuvo junto a la cruz de Jesús, recibiendo el encargo de la comunidad creyente en la persona del discípulo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo" (Juan 19,26). Estará María en medio de los discípulos, en oración, animando la vida de la primera Iglesia, en la espera del Espíritu (Hechos 1,14).

A partir de esta verdad, preguntémonos:

¿Dónde se encuentran, en nuestro tiempo de hoy, auténticas experiencias del Espíritu, semejantes a las de María y a las de los primeros cristianos?

¿En qué medida tenemos la certeza de que el Espíritu está actuando en medio de nosotros, y antes que nosotros y mejor que nosotros?

Hablar del Espíritu Santo no puede significar otra cosa que reconocer su acción en el corazón de cada uno, en el corazón de nuestras familias y de nuestras ciudades, en el corazón de la historia. La pretensión del Espíritu es que todos lleguemos a ser como Jesús, a pensar como él, a actuar como él; y, como hijos de Dios, dar la propia vida por los hermanos.

En definitiva, sólo el Espíritu es quien puede hacer posible afirmar como el apóstol Pablo: "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí" (Gálatas 2,20), y, con tanta contundencia, "Para mí, la vida es Cristo" (Filipenses 1,21).

(Tomado de "Noticias SS.CC.")
Enrique Moreno Laval ss.cc.

sábado, 10 de julio de 2010

Pablo, un hombre del Espíritu (III Parte)

La tarea liberadora del Espíritu

Jesús fue un consagrado por el Espíritu desde su concepción en el seno de María, más adelante esta consagración fue confirmada al momento de su bautismo en el Jordán.

En la sinagoga de Nazaret, cuando leyó y comentó el libro de Isaías (Lucas 4,18-19) Jesús mismo lo reconoció diciendo: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor". Los comentarios que Jesús hace con respecto a esta palabra son contundentes y claros: "Hoy, delante de ustedes, se ha cumplido en mi persona esta profecía".

Hablar del Espíritu Santo es hablar de un hombre sobre quien el Espíritu ha descendido en plenitud, para habitar en él y quedarse con él para siempre, en vistas de una tarea que pretende renovar toda la faz de la tierra.

Si hemos comprendido a plenitud lo que esto significa, reflexionemos:

¿Cómo entendemos hoy, en la práctica, esta tarea liberadora del Espíritu en la que todos los seguidores de Jesús debemos sentirnos comprometidos?

¿Cómo trabajamos por la justicia cuyo fruto es la paz?

Continuará....
(Tomado de "Noticias SS.CC.")
Enrique Moreno Laval ss.cc.

sábado, 3 de julio de 2010

Pablo, un hombre del Espíritu (II Parte)

Los criterios del Espíritu

El hecho de que el Espíritu ponga de manifiesto el error del mundo, como indica Jesús, es advertido por el apóstol Pablo cuando escribe a la comunidad de Roma (Romanos 8,1-27): "Los que viven según sus apetitos, a ellos subordinan sus criterios; pero los que viven según el Espíritu, tienen criterios propios del Espíritu. Esto deja totalmente en claro que guiarse por los criterios de los propios apetitos lleva a la muerte; y guiarse por los del Espíritu conduce a la vida y a la paz. (...) Pero ustedes no viven entregados a tales apetitos, sino que viven según el Espíritu, ya que el Espíritu habita en ustedes. (...) Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios."

¿Qué criterios predominan, de hecho, en nuestros discernimientos personales, familiares y comunitarios?

Los frutos del Espíritu
Determinados criterios producirán frutos correspondientes a las opciones que tomemos. Esto lo dice san Pablo cuando escribe a la comunidad de Galacia (Gálatas 5,16-25): "Los frutos de esos desordenados apetitos son bien conocidos: fornicación, impureza, desenfreno, idolatría, hechicería, enemistades, discordias, rivalidad, ira, egoísmo, divisiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes. (...) En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo. (...) Si vivimos gracias al Espíritu, comportémonos también según el Espíritu".

Al final de la lista de los frutos de los apetitos desordenados, Pablo agrega "y cosas semejantes", al modo de un etcétera que se puede prolongar a partir de nuestras propias experiencias.

¿Qué frutos de esos apetitos podemos descubrir en nuestro mundo de hoy y en la sociedad en que vivimos? ¿Cuáles atentan más contra la calidad de nuestra vida?

Y en cuanto a los frutos del Espíritu, ¿cuáles son los que más valoramos y los que más necesitamos hoy para promover y defender la vida en esta tierra?
Continuará....
(Tomado de "Noticias SS.CC.")
Enrique Moreno Laval ss.cc.

sábado, 26 de junio de 2010

Pablo, un hombre del Espíritu (I Parte)

El Espíritu es quien da la vida (Juan 6,63)

En el capítulo 19 del libro de los Hechos, leemos que el apóstol Pablo llegó a Éfeso, y ahí encontró a algunos discípulos a quienes preguntó: "¿Han recibido ustedes el Espíritu Santo al aceptar la fe?" Y ellos respondieron: "Ni siquiera hemos oído que exista un Espíritu Santo".

La respuesta de estos creyentes, que eran discípulos de Juan el Bautista, según el mismo texto explica, resulta sorprendente. Pero no sólo porque parece extraña tal ignorancia acerca del Espíritu, sino porque se trata de una respuesta que muchos cristianos de hoy, de este siglo XXI, podrían hacer suya: "Ni siquiera hemos oído que exista un Espíritu Santo"; o al menos, "hemos oído hablar muy poco acerca de él".

El anuncio del Espíritu

Según el evangelio de Juan, el Espíritu Santo es anunciado por Jesús sucesivamente, en cinco oportunidades. El primer anuncio lo encontramos en Juan 14,15-17: Les daré otro Consolador para que esté siempre con ustedes. Es el Espíritu de la verdad, que el mundo no conoce, pero que ustedes conocen. El segundo, en Juan 14,25-26: El Consolador, el Espíritu Santo, hará que recuerden lo que yo les he enseñado y les explicará todo. El tercero, en Juan 15,26-27: Cuando venga el Consolador, el Espíritu de la verdad, dará testimonio de mí y ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio. El cuarto, en Juan 16,7-11: El Espíritu Consolador pondrá de manifiesto el error del mundo. Y el quinto, en Juan 16,12-15: Cuando venga el Espíritu de la verdad los iluminará para que puedan entender la verdad completa y les anunciará las cosas venideras.

El Espíritu es llamado por Jesús, parakletós, en la versión griega: lo que puede ser traducido como ayudante, asistente, sustentador, abogado defensor, consolador, iluminador en el proceso de la fe. El Espíritu está siempre con nosotros. Nos recuerda y nos explica lo enseñado por Jesús. Da testimonio de Jesús y nos hace sus testigos. Pone de manifiesto el error del mundo. Ilumina, es decir, profundiza el mensaje de Jesús en el corazón de los creyentes, para que alcancen la verdad completa. Anuncia las cosas venideras, ayudando a los creyentes a discernir en el presente las condiciones que permitan anticipar el futuro de Dios, esto es, su reinado.

Nos preguntamos entonces: ¿De qué manera reconocemos cada uno de estos rasgos del Espíritu en la vivencia de nuestra fe personal y comunitaria? Y más concretamente: ¿Realmente el Espíritu anima así toda nuestra vida?

(Tomado de "Noticias SS.CC.")
Enrique Moreno Laval ss.cc.

sábado, 19 de junio de 2010

Cómo ser pan partido para la vida de muchos: La Eucaristía en la comunidad religiosa III

Tercer ikono: los misioneros, pan partido

Los misioneros deben ser ante todos fieles al mandato de Jesús “denles Uds. de comer”, los misioneros acuden a tantas partes del mundo para anunciar y ser testigos del Evangelio, haciendo resonar, con su acción, las palabras del Redentor: “Yo soy el pan de vida. El que venga a mí no tendrá hambre y el que crea en mí no tendrá nunca sed”; haciéndose ellos mismos “pan partido” para los hermanos, llegando a veces hasta el sacrificio de la vida.

Muchos misioneros han vivido en carne propia el martirio, así se han convertido en pan partido para sus hermanos. Cada año son más de treinta los discípulos de Jesús que, en el mundo, ofrecen su vida por Él y por el Evangelio. Si hay una cosa estupenda en nuestra Iglesia católica en América Latina es el número siempre mayor de los mártires.

Juan Pablo II dijo al respecto: «¡Cuántos misioneros mártires en este tiempo nuestro! ¡Que su ejemplo arrastre muchos jóvenes en el camino de la heroica fidelidad a Cristo! La Iglesia tiene necesidad de hombres y mujeres que estén dispuestos a consagrarse totalmente a la gran causa del Evangelio».

¿Como ser pan partido dentro del servicio misionero?

Es ante todo indispensable la corresponsabilidad con la obra misionera: la oración, el sacrifico y la colaboración económica. Los evangelizadores no viven de aire y sus obras menos. Hay que ser realistas y concretos.

Es preciso acudir Virgen María, mujer eucarística, para que «nos ayude a revivir la experiencia del cenáculo para que nuestras comunidades eclesiales sean auténticamente “católicas”; es decir, comunidades donde la “espiritualidad misionera” se sitúa en la íntima relación con la espiritualidad eucarística; comunidades que permanecen abiertas a la voz del Espíritu y a las necesidades de la humanidad; comunidades donde los creyentes y especialmente los misioneros no dudan en hacerse pan partido para la vida del mundo».

Autor: P. Efrem Baldasso. Misionero de la Consolata

sábado, 12 de junio de 2010

Cómo ser pan partido para la vida de muchos: La Eucaristía en la comunidad religiosa II

Segundo ikono: la Iglesia pan partido

El segundo apartado el Papa Juan Pablo II lo dedica a la Iglesia. Son frases breves, esenciales. Leamos algunas. «La comunidad eclesial cuando celebra la Eucaristía (…) experimenta, a la luz de la fe, el valor del encuentro con Cristo resucitado y adquiere cada vez más conciencia de que el sacrificio eucarístico es para todos».

O ésta: «Si uno se alimenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor crucificado y resucitado, no puede tener sólo para sí mismo este don. Al contrario, es necesario difundirlo».

O ésta otra: «El amor apasionado por Cristo conduce al anuncio valiente de Cristo; anuncio que, con el martirio, se convierte en ofrenda suprema de amor a Dios y a los hermanos».

Más allá de la teología

Estas frases nos hacen comprender tres cosas importantes.
Primera: es cuando celebra la Eucaristía cuando la Iglesia realiza en plenitud, como Jesús, su identidad de ser pan partido para todos.

Segunda: la celebración de la Eucaristía no termina en la puerta del templo; se prolonga en la vida. El «pueden irse en paz» no es una invitación al desempeño, sino a la misión. Lo cual nos pide unir fe, celebración y vida. ¿Ha sido cosa fácil alguna vez?

Tercera: El Papa Juan Pablo II nos sugiere: «De todo corazón deseo que la Eucaristía motive a todas las comunidades cristianas a caminar “con generosidad fraterna” al encuentro de “alguna de las múltiples pobrezas de nuestro mundo”».

«Por el amor mutuo y en particular por la atención a los necesitados se nos reconocerá como verdaderos discípulos de Cristo». «Con base en este criterio se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas». Juan Pablo II

Continuará…

Autor: P. Efrem Baldasso. Misionero de la Consolata

sábado, 5 de junio de 2010

Cómo ser pan partido para la vida de muchos: La Eucaristía en la comunidad religiosa I.

La Eucaristía, hace comprender plenamente el sentido de la misión, anima a cada creyente, y especialmente a los misioneros, religiosos y religiosas, a ser pan partido para la vida del mundo.

¿De que manera podemos ser pan partido para la vida del mundo?

El Papa Juan Pablo II “Misión, pan partido para el mundo” en su discurso del día mundial de las misiones, durante el año de la Eucaristía lo plasma de la siguiente manera, girando todo en torno al ikono del pan partido.

Primer ikono: Cristo pan partido

Juan Pablo II, subraya la centralidad de la Eucaristía para la humanidad de hoy. Es la respuesta que los hombres y las mujeres de hoy necesitamos.

Escribe: «En nuestra época la sociedad humana parece que está envuelta por espesas tinieblas, mientras es turbada por acontecimientos dramáticos y trastornada por catastróficos desastres naturales. Pero, como durante “la noche en que fue entregado” (1 Cor 11,23), también hoy Jesús “parte el pan” (Mt 26,26) para nosotros y en las celebraciones eucarísticas se ofrece a sí mismo bajo el signo sacramental de su amor por todos».

Signo de esperanza

La Eucaristía es, entonces, la presencia transformadora de Jesús que acompaña a sus hermanos y, por ellos, a toda la humanidad en la construcción de un mundo nuevo.

Juan Pablo II escribe: «La Eucaristía no sólo es expresión de comunión en la vida de la Iglesia; es también proyecto de solidaridad para toda la humanidad”; es pan del cielo que, dando la vida eterna, abre el corazón de los hombres a una gran esperanza».

La Eucaristía no sólo hace a la Iglesia, sino que hace a la humanidad. La multiplicación de los panes es tan sólo un signo de lo que es Jesús para la vida del mundo. En la Eucaristía Él «continúa a lo largo de los siglos manifestando compasión hacia la humanidad que se encuentra en la pobreza y en el sufrimiento». La Eucaristía tiene una fuerza que va más allá de la Iglesia.

Valor de las mediaciones

Jesús es el gran mediador. Pero el Papa Juan Pablo II se refiere a una mediación más inmediata, cercana, familiar: los agentes de pastoral, los misioneros, religiosos y religiosas. Por ellos el pan de vida está puesto en la mesa de la humanidad, listo para ser partido y consumado.

Unidos a Cristo que es el centro de la Iglesia y de la humanidad, es posible satisfacer los anhelos más íntimos del corazón humano. Sólo Jesús puede apagar el hambre de amor y la sed de justicia de los hombres y mujeres de nuestros días. Pues sólo Él tiene palabras de vida eterna que iluminan el presente. Sólo Él es el pan de vida ofrecido a todos sin distinción.

Continuará…
Autor: P. Efrem Baldasso. Misionero de la Consolata

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Estudiante de Lic. en Administración de Empresas en la Mención de Informática de la UNESR. Lider del departamento de Atención al Cliente de Tecnología Cima 24, CA. Amante de las carreras, la natación y el Mar.