sábado, 27 de noviembre de 2010

ADVIENTO. La estrella de la vigilia

El mismo significado de la palabra adviento (del latín adventus = llegada, venida) nos da la perspectiva justa en la que todo cristiano está llamado a vivir.

De hecho, toda la Sagrada Escritura nos habla de las continuas venidas de Dios en la historia de los hombres. Venidas que en Jesús de Nazaret encuentran su pleno cumplimiento. Dios, en Jesús se hace eternamente peregrino por los caminos del mundo para seguir golpeando en la puerta de nuestro corazón. Pero “para nosotros” ¿quién es aquel que “viene”? (en greco el verbo venir está en presente y no en futuro).

La respuesta sincera a estas preguntas nos dará las coordinadas precisas del camino ante Dios y los hermanos. El adviento es un tiempo de búsqueda, de atención y de discernimiento. Si Aquel que viene es esperado solamente como aquel que nos protege, que resuelve nuestros problemas, que nos pone al seguro de las dificultades, de los sufrimientos, de la fatiga del creer, de las exigencias verdaderas del amor y del perdón, entonces el adviento será vacío de su sentido más verdadero.

El evangelista Mateo con el imperativo “Estén atentos” (en greco “sigan estando preparados”) del capítulo 24 nos lleva directamente a la pasión del Señor Jesús. Pero ¿por qué? ¿No estamos yendo hacia la Navidad? Tiempo de nacimiento, de fiesta, de alegría, de regalos? ¡Cierto! ¡En efecto! Estamos llamados a la alegría más profunda porque Aquel que viene es el Señor Jesús, que ha nacido un día en “Belén” (en hebraico casa del pan), ha aprendido a partir el pan de su vida pagando sobre la cruz del rechazo y del odio la suma más alta del amor. Jesús se ha preparado toda la vida para “estar pronto” a abrir definitivamente al mundo la puerta al Dios que viene.

Fuente: www.paoline.org

sábado, 20 de noviembre de 2010

María, primicia de Salvación

LA PRESENCIA DE LA VIRGEN MARÍA

La Virgen María precede cronológicamente a Cristo. Ella culmina el adviento de la humanidad y anuncia la aurora de la salvación. Es la Estrella del mar que guía y conduce a Cristo, que atrae irresistiblemente hacia Él, hacia la Iglesia, hacia los Sacramentos, hacia el bien, hacia la santidad.

EL PLAN DE SALVACIÓN


María y el plan de salvación.

Dios quiere que todos los hombres se salven (Tes.4, 3). Es así como Dios Padre, por amor, quiere y decreta la salvación del hombre por medio de Jesucristo, nacido de la Virgen-Madre por obra del Espíritu Santo. "Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer... para redimir… para que recibiéramos la filiación divina" (Ga. 4,4).

Cuando rezamos el Rosario, hacemos memoria de la realización del amor de Dios en Jesucristo, de esta manera contemplamos los principales misterios de nuestra salvación: la Infancia, la Vida pública, la Pasión y Muerte, la Resurrección y Ascensión al Cielo.

María, el plan de salvación y la Iglesia.

María, al engendrar a Cristo, engendra espiritualmente a la Iglesia, cuerpo místico de Cristo. La Iglesia, que instituyó Cristo, comienza a caminar visiblemente el día de Pentecostés, bajo la presencia de María.

María es tipo y modelo de la Iglesia en la peregrinación hacia la consumación de los tiempos, hacia la Iglesia Celeste. La Asunción de María nos invita a recorrer el camino, nos atrae hacia el Cielo.

NUESTRA RESPUESTA

Nosotros estamos llamados a enmarcar nuestra vida en el plan de salvación para vivir en la Iglesia peregrina y poder alcanzar la Iglesia celeste. Nuestra respuesta ha de ser espiritual y doctrinal por medio de María.

Respuesta espiritual.

Siguiendo la recomendación de María que nos dice: "Haced lo que El os diga" (Jo.3, 4): Él, es Cristo.

Cristo nos llama a la conversión del pecado por el sacramento de la Reconciliación; nos invita a vivir y a perseverar en la vida de gracia, sirviéndonos de los medios que nos ofrece, principalmente de los sacramentos, centrados en la Eucaristía.

Respuesta Doctrinal

Formándonos como cristianos, centrados en latradición de la Iglesia y en el Concilio Vaticano II que proclamó a María, Madre de la Iglesia. Dando espacio a la lectura y escucha de la Palabra de Dios. Leyendo y estudiando el Catecismo de la Iglesia Católica… participando en los medios de formación que la Iglesia nos ofrece.



sábado, 13 de noviembre de 2010

María, primicia de la recapitulación de todas las cosa en Cristo (cf. Ef 1, 10)

María Santísima, entonces, por ser Inmaculada Concepción redimida por Cristo, por ser Madre de Jesús y del Pueblo de Dios, por ser Asunta al cielo y Reina del mundo, simboliza toda la gloria de la Iglesia. Simboliza la victoria definitiva de Jesucristo Nuestro Señor sobre el Dragón. Así queda confirmada la profecía del Génesis en el llamado Protoevangelio: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo: él te pisará la cabeza, mientras acechas tú su calcañar (Gen 3,15)». Así María muestra el camino de la Iglesia y del mundo en el que finalmente Dios será todo en todos (Cf. 1 Cor 15, 28).

María Santísima no permanece de ninguna manera indiferente a la marcha concreta del mundo. Esta humanidad nuestra, de alguna manera, gime con dolores de parto –como dice el libro del Apocalipsis-, incapacitada de salir del camino por donde se ha adentrado sin la ayuda del Único que puede salvarlo.

Tenemos una Madre que está en el cielo y que sigue colaborando en su papel de Corredentora junto a su Hijo, por la salvación del mundo. Ella lo hace con su corazón de Madre, de Mujer, viviendo de alguna manera misteriosa en sí misma, el dolor que tantos hombres padecen en nuestro tiempo. Ella no es ajena a nada de lo que nos sucede.

Ella está junto a nosotros con un amor como ninguno otro. María Santísima, nuestra Madre, Asunta al Cielo se ocupa de nuestra suerte, de todas nuestras cosas, y sobre todo de nuestra salvación eterna.
La esperanza del pueblo cristiano ha de estar puesta en la regeneración del mundo, en el tiempo de la consolación y de la restauración universal, de la recapitulación de todas las cosas en Cristo (Ef 1, 10).

Esta redención ya se ha operado en María Santísima. Mirándola a Ella asunta en cuerpo y alma tenemos el modelo de nuestra propia salvación y la del mundo entero. Mirándola a Ella podemos desechar toda solución social, cultural y política que quiera construir la sociedad actual sobre principios que ponen al hombre en lugar de Dios y contra Dios, cerradas absolutamente al horizonte grandioso de la Revelación cristiana y de la fe católica. Al mismo tiempo, mirándola a ella podemos tener una esperanza cierta en lo que Dios quiere obrar en cada uno de nosotros y en el mundo entero, si sinceramente nos sometemos a su soberanía, y abrimos «de par en par las puertas a Cristo».

Autor: P. Petrus Paulus Mariae Silva

sábado, 6 de noviembre de 2010

Perdónanos como perdonamos

El perdón es el medio para reparar lo que está roto. Coge nuestro corazón roto y lo repara. Coge nuestro corazón atrapado y lo libera. Coge nuestro corazón manchado por la vergüenza y la culpa y lo devuelve a su estado inmaculado.

El perdón restablece en nuestro corazón la inocencia que conocimos en otro tiempo, una inocencia que nos permite la libertad de amar.

Perdonar no es justificar comportamientos negativos o improcedentes sean propios o ajenos. El maltrato, la violencia, la agresión y la deshonestidad son algunos de los comportamientos que pueden ser totalmente inaceptables.

El motivo más obvio para perdonar es liberarnos de los efectos debilitadores de la rabia y el rencor crónicos. Al parecer estas dos emociones son las que más convierten el perdón en un desafío, a la vez que en una grata posibilidad para quien desee una paz mayor.

De hecho la palabra resentimiento, viene de re-sentir – es decir – volver a sentir intensamente una y otra vez. Cuando estamos resentidos, sentimos con intensidad el dolor del pasado una y otra vez. Esto –sin duda- no sólo tiene un efecto lamentable en nuestro bienestar emocional, sino también repercute negativamente en nuestro bienestar físico.

El perdón es muchas cosas: es una decisión, una actitud, un proceso y una forma de vida. Es algo que ofrecemos a otras personas y algo que aceptamos para nosotros.

"Confiésense uno a otros su pecados y oren por otros para ser sanados" (Stg 5, 16)

sábado, 30 de octubre de 2010

Llamados a ser canales de bendición

Hay personas que son sumamente generosas, comparten sus bienes y su tiempo. Dedican mucho tiempo trabajando para Dios en las parroquias, en obras de caridad y de evangelización, etc. Pero hay otras que viven sólo para sí mismas, se pasan el día fregando sus veredas y deambulando por sus casas, vacíos y desorientados, centrados en su egoísmo, en lugar de salir al encuentro de personas necesitadas, a trabajar para la evangelización.

Estamos llamados a ser bendición para los demás. Dios llega a cada uno de nosotros a través de alguien, somos canales de bendición los unos para los otros. Si prestamos atención podremos constatar que desde el vientre de nuestra madre, nuestros padres y otras personas fueron instrumentos de Dios en nuestra vida, alguien gastó su vida por nosotros y nosotros hemos sido instrumentos, hemos gastado o lo estamos haciendo en favor de otros.

Cuando nos cerramos en nuestro egoísmo, pretendiendo salvar, ahorrar, salvaguardar nuestra vida, dejando de poner nuestros dones y carismas a disposición, alguien se verá privado de las gracias que Dios quiere derramar, y corremos el riesgo de perder la salvación.

Un hombre cuenta haber visto en la calle a una niñita temblando de frió con un vestidito ligero, con poca esperanza de encontrar abrigo o una comida decente. Enojado le dijo a Dios: "¿Por qué permites esto? ¿Por qué no haces algo para remediar esto?" Por un rato Dios no dijo nada, pero luego Dios respondió diciendo: "Ya hice algo para remediarlo... Te hice a Ti."

Muchas veces culpamos a Dios por todas las cosas que pasan, y le recriminamos que permite que pasen, y no pensamos que Dios

Fuente: http://www.rcc-argentina.com.ar

sábado, 23 de octubre de 2010

Orientaciones para leer la Biblia mediante la «Lectio divina»

1) Ambientar la lectura
La lectura del texto ha de ir precedida de un breve silencio o de una oración para pedir al Señor que nos abra el entendimiento y el corazón para acoger obedientemente su Palabra.
Los textos deben leerse despacio y sin prisas.

2) Leer el texto en su contexto
La primera pregunta que debe guiar nuestra lectura es: ¿Qué experiencia de fe aparece recogida en este texto? Para ello podemos acudir a recursos muy sencillos:

• Informarnos sobre aquella época: utilizar mapas, ambientar los textos históricamente con ayuda de introducciones, comentarios.
• Recordar siempre que la Biblia es una palabra encarnada y que en ella hay que distinguir entre el mensaje perenne y lo que era propio sólo de aquella cultura (matanzas, violencia, discriminación de la mujer...). El mejor criterio para saber esto es leer todos los textos desde el mensaje y la vida de Jesús, que es el centro y la clave para leer toda la Biblia.

3) Leer para entender la vida
Después de esta primera lectura del texto es necesario exponer nuestra vida a la interpelación del mensaje que hemos descubierto. Esto supone:


• Tener una mirada penetrante sobre las cosas que pasan a nuestro alrededor: estar atentos a las cosas que nos pasan a nosotros y a la gente que nos rodea, a los signos de cada época.
• Estar dispuestos a dejarnos interpelar por el texto y por el mensaje que se nos desvela.

4) Lectura orante
La Biblia debe ser leída en el espíritu con el que ha sido escrita, en un clima de oración. A través de ella Dios nos habla, y para escucharle tenemos que estar en la misma sintonía.
• Abrir sinceramente el corazón para acoger lo que Dios nos dice a través de su Palabra.
• Responder a Dios a través de la súplica, la acción de gracias... completando así el diálogo que él mismo comienza.

5) Lectura comunitaria
Es muy importante que la lectura personal se complemente con la comunitaria. En la lectura comunitaria se ponen en juego los diversos carismas y sensibilidades para descubrir con más plenitud el mensaje de la Palabra de Dios, porque las diversas aportaciones hechas desde diversas experiencias de vida desvelan la riqueza de la

6) Lectura comprometida
La lectura de la Biblia tiene como meta la vida. Cuando nos acercamos a leer la Biblia, llevamos nuestra vida y la vida de quienes nos rodean. Al descubrir su mensaje y dejarnos interpelar por él, descubrimos que la Palabra de Dios nos ofrece un impulso para la vida, un camino de conversión. Normalmente, cuando nuestra lectura de la Biblia no desemboca en el compromiso, cada vez nos resulta más difícil de entender lo que leemos.

sábado, 16 de octubre de 2010

La voz del pueblo es la voz de Dios


Un pueblo con cultura de valores es la voz de Dios cuando se levanta para gritar.


“La voz del pueblo es la voz de Dios”. (Alcuino, monje anglosajón)

Esta frase es verdadera cuando el pueblo está cultivado en los valores de la vida. Si no está cultivado, puede armar mucho jaleo, tumultos, gritos y, entonces, su voz es la expresión de la muchedumbre, “chusma”, y de quienes les halagan en sus manifestaciones. Ahora bien, un pueblo con cultura de valores es la voz de Dios cuando se levanta para gritar, como por ejemplo, para protestar contra la ley del aborto del parlamento.

No puede haber autoridad humana que dictamine, por ley, la muerte de los niños en el vientre de sus madres. Ni tú ni yo estaríamos aquí ahora si nuestra madre, por capricho y por darse de “progre”, nos hubiera matado. ¿Qué vale más: la vida o la muerte?

Los partidos políticos están en el parlamento con sus parlamentarios para defender los derechos de la persona. Y el niño de tres meses, aunque no haya nacido todavía a la luz de este mundo, es persona. Como lo eres tú ahora.

ORACIÓN: Dios, autor de la vida. No permitas que nuestro país, por intereses de algunas mujeres y algunos hombres sin consideración, aprueben una ley que va contra la humanidad y tus designios sobre ella.

Mételes en su conciencia de que serán responsables, a pesar del aire de su malentendido “progresismo”, de la muerte de muchos niños inocentes. Haz que desaparezca el tráfico de fetos abortados para las empresas de cosmética. Su voz no es la del pueblo. Es la de sus malas entrañas.

Autor: P. Felipe Santos SDB

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Estudiante de Lic. en Administración de Empresas en la Mención de Informática de la UNESR. Lider del departamento de Atención al Cliente de Tecnología Cima 24, CA. Amante de las carreras, la natación y el Mar.