viernes, 23 de marzo de 2012

V Domingo de Cuaresma.El amor que no acaba nunca

EL AMOR NO ACABA NUNCA
(cf. 1Cor 13,1-8)
Para mi oración
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles,
si no tengo amor, soy como una campana de bronce que suena o un címbalo que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia;
aunque tuviera toda plenitud de fe como para trasladar montañas,
pero no tengo amor, nada soy.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas,
si no tengo amor, nada me aprovecha.

El amor es paciente, es servicial;
el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso, no se engríe;
es decoroso; no es egoísta;
no se irrita, no toma en cuenta el mal;
no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo soporta.
¡El amor no acaba nunca!
Para mi reflexión
El quinto domingo de Cuaresma nos lleva a aceptar en profundidad la parábola del grano detrigo, que para dar fruto, muere y se pudre en la oscuridad de la tierra. Es la enseñanza parabólica más profunda que Jesús nos ha dado. Contar la historia de un grano de trigo que muere, es equivalente a contar la historia del Hijo de Dios, que el Padre sembró en el corazón del mundo.

La lógica de morir a sí mismo para amar impregna toda la vida cristiana y encontrar a Jesús quiere decir comprender que Jesús es la verdad absoluta de nuestra vida. Quien se encontró con su mirada de amor no puede hacer de su vida sino un don total de amor a los demás. Amar quiere decir tener el coraje de salir de sí mismos, para involucrarse un éxodo sin retorno.
Jesús mismo nos recuerda que aquel que «ama su vida la pierde saliendo hacia la lógica del Evangelio». El auténtico valor de una persona está ligado solamente a lo que da. Se trata de una verdad antropológica de altísimo valor: sólo quien se da a sí mismo por las personas encontradas a lo largo del camino de la vida, vivirá. No existe vida fuera de esta lógica. Solamente quien “se convierte en semilla de amor en el corazón del mundo” está destinado a dar fruto de vida eterna. 
No son las grandes realizaciones, los grandes proyectos, los grandes sistemas de pensamiento, ni los títulos de honor los que dan vida y dignidad a la persona. 
Morir a sí mismo y a la propia lógica de la muerte, es la única posibilidad de existir. Amar es la única forma de vida que hace al hombre más humano. Jesús, el Hijo de Dios, justamente en su hacerse historia nos revela a cada uno la verdad más grande: da y vivirás, ama y serás más humano, entrega tu vida por el mundo y el Padre hará de ti otro Jesús.


sábado, 17 de marzo de 2012

IV Domingo de Cuaresma. ¡Una vida sin fin!

DULZURA SIN FIN(del salmo 16)

Protégeme, oh Dios, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi dueño, mi único bien».
Señor, tú eres mi alegría y mi herencia; mi destino está en tus manos.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor;
con él a mi derecha, jamás fracasaré.

Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas,
y todo mi ser descansa tranquilo;
porque no me abandonarás en el abismo,
ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.

Me enseñarás la senda de la vida,
me llenarás de alegría en tu presencia.
de felicidad a tu derecha. Amén

Para mi reflexión
¿Es posible abrir las puertas a una vida sin fin? Sí, si se pasa por la puerta de la fe que se abre con la llave de la escucha. La escucha de Jesús no es solamente el principio de nuestra transfiguración, sino también de la posibilidad real de abrirnos a la vida sin fin.

El Dios inaccesible e invisible se da a conocer a través del Hijo amado y donado. «Quien ve al Hijo y cree en él, tiene la vida eterna», es decir la vida misma de Dios. En lenguaje bíblico el “ver” es solamente la consecuencia de una escucha obediente y amorosa: quien escucha al eterno se hace eterno. El eterno y el presente se tocan y se abrazan definitivamente en Jesús y en él nuestros pensamientos, afectos y comportamientos son purificados lentamente en un camino nunca completamente concluido. Nicodemo, el admirador nocturno, que no tiene el valor de convertirse en discípulo, recibe una gran revelación: «Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único...» (Jn 3,16).

Para Dios, el eterno se esconde en el amor y amar significa donarse totalmente en Jesús; pero para darse a sí mismo es necesario saber amar mucho. En Jesús cada persona está llamada a realizar la semejanza con Dios en un amor que simplemente da: por la alegría de dar, sin esperar recompensa. El Evangelio de amor creíble ilumina el camino de la Iglesia hacia la alegría de la Pascua sin fin.

sábado, 10 de marzo de 2012

III Domingo de Cuaresma. Un nuevo templo

Para mi oración

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de dioses extranjeros,
postrado hacia tu santo templo. 

Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad,
pues tu promesa ha superado a tu fama. 

Cuando te invoqué, me escuchaste y fortaleciste mi ánimo.

En medio del peligro, me conservas la vida,
despliegas tu poder contra la saña de mis enemigos
y me pones a salvo con tu fuerza protectora.

¡El Señor completará lo que hace por mí! 

¡Señor, tu amor es eterno, no abandones la obra de tus manos! 

Amén. 

Para mi reflexión

Se acerca la Pascua con sus propios preparativos, en vista del descanso festivo. Jesús sube a la ciudad santa y visita el Templo de Jerusalén. Días de fiesta florecientes para los negocios de los vendedores de animales y de los cambistas. Con el gesto fuerte e impredecible de la expulsión de los mercaderes del templo, la palabra del profeta Zacarías se vuelve particularmente luminosa: «Aquel día no habrá ya comerciantes en el templo del Señor todopoderoso» (Zc 14,21). A partir de este momento de ruptura, la incomprensión en confrontación de Jesús, crece y se convierte en absoluta. No todos están dispuestos a aceptar la verdad, el orden y la claridad que Jesús da a las cosas, a las personas y a Dios. Su postura fastidia, irrita y provoca una confrontación. El intercambio de palabras asume significados diversos. Alrededor del Templo de Jerusalén giran dos modos de pensar: el del cálculo, que se mueve por un fin y no deja espacio a nada y a nadie, como el de los comerciantes y de las autoridades, todo proyectado a lo ya conocido, al resultado inmediato y a las construcciones evidentes; y el contemplativo y hermenéutico de Jesús, que abre el estrecho horizonte de los acusadores hacia el Nuevo Templo, Jesús mismo, "lugar" santo y santificante que abre a todos el acceso a la gloria de Dios para siempre.

martes, 6 de marzo de 2012

II Domingo de Cuaresma. La belleza que transfiguración

Para mi oración 
 ¡CONTEMPLAR LA BELLEZA DEL SEÑOR! (del Salmo 27) 

El Señor es mi luz
y mi salvación:
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida: ¿de quién me asustaré?
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no teme; aunque me asalten las tropas, continuaré confiando.

Una cosa pido al Señor; es lo que busco:
habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida,
admirando la belleza del Señor, y contemplando su templo. 

Él me cobijará en su cabaña en el momento del peligro,
me ocultará en lo oculto de su tienda,
me pondrá sobre una roca. ¡Amén!  


 Para mi reflexión  

La belleza que transfigura del Señor Jesús, se manifiesta «en una montaña» (Mc 9,2). "Montaña" sin nombre es la del evangelista Marcos, para recordarnos que la verdadera montaña de Dios que hay que escalar, en la escucha amorosa y obediente, es Cristo. Este itinerario se articula en tres caminos estrechos y en subida: el camino de la soledad, el camino de la comunidad, el camino de la belleza. El primero nos purifica y unifica en el silencio, para que el Espíritu pueda habitar en el corazón; el segundo nos despoja y nos educa, para que la comunidad pueda liberarse de las falsas expectativas; el tercero es posible recorrerlo sólo en la profunda familiaridad con Dios, que en el Espíritu, nos hace progresivamente semejantes a Jesús. En la montaña de la "transfiguración" cada uno se convierte en lo que contempla y ama. Quien se acerca a la luz se transforma en luz, llevando a los otros y al mundo hacia el cumplimiento de la promesa.

sábado, 25 de febrero de 2012

I Domingo de Cuaresma. ¡Es cuestión de confianza!

Para mi oración

CONFIANZA EN LA PRUEBA (Sir 2,1-6)

Hijo, si te decides
a servir al Señor,
prepara tu alma para la prueba.
Endereza tu corazón, sé firme,
y no te inquietes en el momento de la desgracia.
Únete al Señor y no te separes,
para que al final de tus días seas enaltecido.
Acepta de buen grado todo lo que te suceda,
y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.
Porque el oro se purifica en el fuego.
y los que agradan a Dios en el crisol de la humillación.
Confía en él y él vendrá en tu ayuda,
endereza tus caminos y espera en él. ¡Amén!

Para mi reflexión

En el primer domingo de Cuaresma, el evangelista Marcos nos impulsa con Jesús al desierto de las tentaciones. La tentación nace siempre donde hay una prueba por vivir. Para Jesús, la prueba no ha sido nunca una cuestión de valentía, sino de confianza. ¡Eso es todo! ¿De qué parte estamos frente a las grandes opciones de la vida? ¿Ante una misión sin fronteras? ¿Frente a una injusticia que no tiene sentido? ¿Frente a la maldad sin rostro? Jesús, frente a la tentación de eludir la cruz de su vocación de Hijo amado, ha elegido en cambio, fiarse de Dios. Fiarse también cuando las contradicciones del camino se hacen incomprensibles.

El primer domingo de Cuaresma, en otras palabras, nos dice, que cualquier cosa pudiera ocurrirte, ¡Confía!

La forma más alta del amor hacia Dios es justamente la confianza en sus senderos y en sus opciones.

En el desierto de la prueba adoramos en silencio al verdadero Dios.
 

lunes, 20 de febrero de 2012

Cuaresma 2012. De la muerte hacia la vida

Queridas hermanas y jóvenes en formación: 

Con el rito del Miércoles de Cenizas, también este año emprendemos el itinerario de conversión que nos hace entrar en la dinámica pascual de la muerte hacia la vida, en aquel progresivo despojo de sí, que es el camino a la plenitud. Este "santo viaje" está marcado por la presencia del Maestro que continúa llevando la cruz de los males del mundo junto a las muchas mujeres y hombres de «toda raza, lengua, pueblo y nación» (Ap 5,9) que siembran esperanza, enjugan lágrimas, promueven la paz y abren horizontes de comunión en una época herida por la falta de fraternidad.

Son estos últimos, dice Benedicto XVI en su Mensaje para la Cuaresma de 2012, los verdaderos discípulos del Señor que, «unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación tienen que ver con mi vida y mi salvación». Se trata de una pertenencia tan radical que no puede hacernos cerrar el corazón al otro; al contrario, nos suscita a "hacernos cargo" del otro, porque el otro me interesa, está en mi corazón...

Esta invitación a una fe que se hace concreta y legible de la atención al hermano y a la hermana es particularmente oportuno para nosotras, a menudo marcadas por las dificultades a fundar nuestras relaciones fraternas sobre una auténtica experiencia de fe, sobre motivos de fondo que sostienen nuestro estar juntas. Pero el amor recíproco, la actitud de hacernos cargo las unas de las otras, la tensión a caminar juntas en la santidad y la misma pertenencia a la comunidad, son condiciones básicas para percibir el grito de la humanidad de nuestros días, colmar la sed de Dios y testimoniar el mandamiento del Amor. 

En este itinerario nos podrá ayudar el texto Con Jesús Maestro hacia la Pascua, preparado por hermanas de la Comisión para la animación sobre las Constituciones: Iluminadas por el Evangelio de los domingos de Cuaresma y por la historia de gracia contenida en Abundantes divitiae, nos ponemos con renovada fe en el seguimiento de Jesucristo, muerto y resucitado por nosotras, percibiendo «con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotras» (Porta fidei 15) y «la multitud de riquezas que hay en la Familia Paulina: "… para que la multiforme sabiduría de Dios" se manifieste ahora… mediante la Iglesia» (AD 4).

Caminando junto al Maestro y con toda la humanidad hacia la Pascua, emprenderemos, entonces, con humildad y valentía «la guerra más dura», aquella contra nosotras mismas, tal como propone la oración del patriarca Atenagora reportada al final del fascículo:

Si uno se desarma, si se despoja, si se abre al Dios-Hombre que hace nuevas todas las cosas, entonces el Señor borra el pasado malo y nos restituye un tiempo nuevo en el que todo es posible.

Es a lo que tantas veces nos ha estimulado Maestra Tecla: 

Haciéndonos nosotras mismas instrumentos de paz… la paz es fruto de caridad, de comprensión, de concordia… por lo tanto sepámonos compadecer, soportar, disculpar… Sepamos callar y aceptar las pequeñas ofensas, también cuando creamos tener la razón (VPC 137).

Con la mirada fija en el Señor Jesús, en la cotidianidad comunitaria y apostólica, comprometámonos a ejercitarnos en la caridad, ayudarnos recíprocamente, hacernos don y ayudar a quien está en necesidad. De hecho, Cuaresma es también tiempo de solidaridad, de atención concreta.

Hermanas, en el corazón del camino cuaresmal, el 15 de marzo, celebraremos con alegría y gratitud el 59° aniversario de la aprobación pontificia de nuestro Instituto. Este es un motivo más para renovar nuestro compromiso a la santidad y dar nueva fuerza profética en la Iglesia.

Las abrazo con gran afecto, sintiéndome en comunión de alegría y de esperanza. 


Sor M. Antonieta Bruscato
superiora general




domingo, 29 de enero de 2012

Datos personales

Mi foto
Estudiante de Lic. en Administración de Empresas en la Mención de Informática de la UNESR. Lider del departamento de Atención al Cliente de Tecnología Cima 24, CA. Amante de las carreras, la natación y el Mar.