viernes, 6 de agosto de 2010

La Cristificación.

Misterio de nuestra transfiguración por cristificación.

Mirada al rostro de Cristo, escucha de la palabra, cristificación.

Si nos colocamos en la cumbre del Monte Tabor, tres aspectos integrantes del "misterio de luz" se proyectan sobre nosotros:

Mirada al rostro de Cristo en actitud contemplativa. Quien no lo contempla no lo ama profundamente. De ahí derivaremos el cultivo de la dimensión contemplativa de toda nuestra vida, gracia, trabajo, servicio, amor...

Apertura de oído para ‘escuchar’ la Palabra. Si no purificamos nuestros sentimientos y sentidos externos e internos, cultivando el “hombre interior”, nunca pasaremos de escucharnos a nosotros mismos, y jamás llegaremos a transfigurarnos.

La “transfiguración” se dará en nosotros solamente si somos fieles a Cristo, si vamos pisando sobre sus huellas y le permitimos que vaya haciéndose único Señor de nuestra vida, repitiendo con obras y palabras: ¡Transfigúranos, Señor, transfigúranos, con tu poder y gracia!

Junto a la oración, la adoración eucarística debería convertirse en una práctica cotidiana y prolongada. Cuántas, cuántas cosas maduran bajo el Sol eucarístico. Y si se broncea la piel por exposición a los rayos del sol astronómico, ¿cuál proceso de crecimiento, de “cristificación” sucederá estando bajo los rayos del Sol eucarístico? La vocación nace, crece, se desarrolla, se mantiene fiel y fecunda, sólo en la intensa relación con Cristo.

Aquí tenemos que hacer énfasis en la herencia carismática que nos donó nuestro fundador el Beato Santiago Alberione: “Ustedes han nacido de la Eucaristía” (AD 15).

Fuente: www.dominicos.org

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Estudiante de Lic. en Administración de Empresas en la Mención de Informática de la UNESR. Lider del departamento de Atención al Cliente de Tecnología Cima 24, CA. Amante de las carreras, la natación y el Mar.